Contar calorías no sirve para comer bien.

Este año me han regalado una pulsera de esas que sirven para medir el ejercicio que haces durante el día.

¿Las conoces?

Me ha venido muy bien tomar conciencia del ejercicio que hago. Marcarme objetivos semanales y ver cómo los voy cumpliendo me motiva para no perder el ritmo.

 

Pero el módulo de alimentación no lo veo nada claro.

Se fija en las calorías consumidas.

Sólo en las calorías. Da igual de qué tipo sean.

 

Y esto me ha llevado a la siguiente reflexión.

 

¿Qué son las calorías?

 

La caloría es una medida de energía.
Punto.

 

Las calorías de los alimentos se calculan metiendo el alimento en un horno especial y midiendo la energía que desprende cuando es quemado.

 

Por otro lado se mide en el laboratorio cuánta energía gasta una persona haciendo las diferentes tareas o actividades del día.

 

Esto ha servido durante mucho tiempo a los médicos y nutricionistas para calcular qué cantidad de comida necesitas durante la jornada.

O para adelgazar, ya que según esta teoría si las calorías ingeridas son menores a las calorías gastadas, pierdes peso.

 

¿Y esto es útil?

Sí, pero no.

 

Esta es una técnica que nos resulta útil a los profesionales de la nutrición para calcular unos márgenes en los que movernos para pautar una dieta. Pero para poco más.

Las calorías que aporta un alimento son solo uno de los factores a tener en cuenta a la hora de planificar un menú. Hay otros, a mi entender, mucho más importantes.

 

Tu cuerpo no es un horno que quema los alimentos como en el laboratorio.

 

Desde que ves o hueles la comida, ya empieza a interaccionar con tu organismo y a provocar cambios en él.

 

Detente.

Imagina el aroma del pan recién horneado, o el del café por la mañana.

Cierra los ojos y tómate un momento.

 

Recuerda ese fantástico guiso de tu infancia.

 

Siéntelo, saboréalo.

 

 

¿No experimentas cambios en ti? Y ni siquiera tienes el alimento delante.

 

Los alimentos tienen una acción que va mucho más allá de la puramente energética.

 

La acción emocional es evidente. Lo acabas de ver. No hay nada más reconfortante que entrar en tu hogar y oler el guiso de siempre que cuece en los pucheros de la abuela.

 

Y en lo puramente fisiológico, no aporta lo mismo un solomillo de ternera de 160 gramos (251,2 Kcal) que una manzana  + 2 nueces + 1 cucharadita de miel (251,2 Kcal)

 

No todas las calorías son iguales.

 

Aquí la teoría:

  •          1 gramo de grasas aporta 9 Kcal.
  •          1 gramo de hidratos de carbono aporta 4 Kcal.
  •          1 gramo de proteínas aporta 4 Kcal.

 

Hablar solo de energía no vale, porque cada grupo tiene funciones diferentes, actúan sobre distintos órganos, modifican procesos variados.

 

  •          Grasas: fuente de energía, forman parte de las paredes celulares…
  •          Hidratos de carbono: fuente de energía, reguladores de metabolismo…
  •          Proteínas: forman estructuras celulares, regulan procesos metabólicos…

 

Son las moléculas, los nutrientes que forman parte de lo que comes, las que, una vez dentro de tu organismo ejercen una acción específica.

 

En la imagen tienes la composición de dos aceites muy conocidos:

 

  •          El AOVE
  •          El aceite de palma.

 

Ambos aportan 888 Kcal/100g.

Pero tienen composiciones diferentes.

Debido a esto, el AOVE tiene propiedades cardioprotectoras y el aceite de palma se relaciona con formación de placas de ateroma en las arterias.

 

 

Contar calorías no sirve para nada o por qué necesitas una dieta variada.

 

“Hablar de calorías es hablar de energía. Pero las calorías no tienen una función en tu cuerpo.”

 

Tú comes moléculas, nutrientes, hidratos de carbono, vitaminas, minerales, ácidos grasos, proteínas…

 

Estas moléculas sí tienen una función. Por ejemplo:

 

  •          La vitamin B12 presente en carnes y pescados es importante para la formación de los glóbulos rojos que transportan el oxígeno por tu sangre.
  •          Los aminoácidos presentes en las legumbres van a formar tus estructuras celulares.
  •          La regulación del depósito de placas de colesterol en tus arterias, está influenciada por la proporción de ácidos grasos omega 3 y 6 de tu dieta.
  •          Los procesos hormonales necesitan para su correcto funcionamiento de las vitaminas presentes en los vegetales.

 

Y así podría seguir horas y horas.

 

Necesitas cubrir todas esas funciones: renovar tu piel, mover tus músculos, pensar, disfrutar, escribir…

 

Y los nutrientes no están juntos en un solo lugar como si fuera la pastillita fantástica de los astronautas.

 

Por eso hay que comer variado.

 

Pero no hay que comer de todo.

 

A nadie se le escapa que dar acelerones a un motor, disminuye su vida útil.

 

¿Te preocupa meterle de vez en cuando acelerones a tu cuerpo a base de alimentos procesados ricos en azúcares refinados o en grasas saturadas?

Piénsalo.

Hay alimentos absolutamente prescindibles, no necesarios y dañinos.

 

Lo más recomendable es comer variado, natural y con alimentos de temporada.

Es rico, delicioso, saludable, te aporta energía y todo lo que necesitas para tu equilibrio.

 

 

No cuentes calorías. Cuenta beneficios.

 

Cuando vayas a tomar algo párate y sé consciente de lo que te va a aportar.

¿Te va a hacer bien? ¿Mal? ¿No te va a aportar nada? ¿Lo necesitas? ¿Es un capricho?

 

No es un método rápido.

 

Tienes que aprende qué nutrientes tiene cada alimento y qué puede hacer por ti.

 

Lee las etiquetas,
mira si te aporta los nutrientes que necesitas.

 

Y tú, ¿cuentas calorías?

¿Has hecho dietas basadas en calorías?

¿Cómo eliges tus menús?

¿Sabes qué te aporta cada alimento?

2 comentarios sobre “Contar calorías no sirve para comer bien.

    • Me alegra que pienses así Carmen. El proceso de aprendizaje es importantísimo. Y tomar conciencia es el primer paso. Ánimo en el camino. Un abrazo.

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